jueves, 26 de mayo de 2016

Siniestra Culpa

Siniestra Culpa


La vi inerte, en el vano de la puerta, asustada, era translucida, su piel degradada, sus ojos eran completamente negros y sus dientes marrones, quería hablar, gritar o algo, pero no lograba oírla, me daba miedo, intenté huir, pero ella me detuvo con la mirada, y se prendió fuego, mientras, mediante telequinesia me mantenía en el aire. Unos minutos después me bajó, ella se calmó, empezó a llorar,
hacia señas, no podía hablar. Me acerqué a ella lentamente, su cabeza estaba inclinada hacia abajo, sus ropas eran harapos mugrientos…hubo un momento de calma, hasta que ella se irguió nuevamente, el televisor se encendió, los canales se cambiaban solos, las cosas volaban por el aire y pude pasar a través de ella, corrí hasta a puerta, ella estaba flotando en el aire, su pelo parecía al viento, pero con movimiento lento, abro la puerta para salir a la calle, y me encontré en un lugar que no era el exterior de siempre, estaba dentro de un mundo de muerte, desolado, tendidos sobre el piso, había diseminados cadáveres por todos lados, cuerpos a los que les faltaban algunos miembros, sin cabezas, sin piernas,  pero lo más tenebroso era que aún se movían, intenté regresar, pero no pude, la puerta había desaparecido, y a mi alrededor solo se aprecia oscuridad, tonalidades de grises, escombros, olor a podrido, bruma, frío, desidia. Intenté caminar por entre los cuerpos, algunos me detenían con sus manos, mientras me miran con sus rostro cadavéricos. Logré llegar a una especie de iglesia, era un edificio lúgubre, apagado, en el frente, como toda iglesia, había una cruz, pero esta tenía la particularidad de estar al revés.  Decidí entrar, no sabía que podría haber adentro.
Al entrar se oía un canto eclesiástico, toda la gente cantaba, y miran hacia adelante, a donde esta el cura y figuras como cualquier iglesia, aunque estas eran demonios. El cura se eleva del piso, abre sus manos, los "feligreses" hacen lo mismo, y comienzan a gritar, el "cura" queda desnudo, al darse vuelta me doy cuenta que no tiene genitales, y las personas se giran hacia mí, pero ellas no tiene rostro, sus caras son lisas y me señalan. Salgo corriendo, las puertas se cierran, de la nada aparece la mujer y en llamas otra vez. El cura estira su mano y parece querer bendecirme, pero en vez de gesticular la Trinidad e invocar a la divinidad, invoca mediante el gesto de cinco puntas, al mal y me hace flotar, los presentes comienzan a orar a la inversa y me realiza un exorcismo invertido. Siento una quemazón en el interior de mi cuerpo, la cabeza me zumba, imágenes se me cruzan, y recuerdo la forma en que prendí fuego a esa mujer, mi negación íntima, mi apología a mi propia mentira. Ahora sé que este es mi lugar. Mi esposa desapareció antes de terminar el ritual del cura endemoniado, ella seguramente ira a un lugar mejor, seguramente yo penaré por toda la eternidad mi aberrante acto criminal.

Ricardo.

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Autor del texto y la imagen.

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