lunes, 13 de junio de 2016

Diario de un poseído



                                      Diario de un Poseído


           25 de Septiembre.

        Desperté desnudo en el jardín de la plaza, todo sucio, con mi piel lacerada, con marcas en mi brazo. Me duele todo el cuerpo, la cabeza me zumba. No me puedo poner de pie, estoy mareado.
          Asomo la cabeza por entre los arbustos, la plaza esta colmada de gente, me invade la vergüenza y la incertidumbre, no logro comprender cómo diablos llegué aquí, y qué pasó la noche anterior. Una anciana grita desesperada.

           -¡Un degenerado desnudo, policía!  

           Rápidamente me detienen, en la comisaría me interrogan, me sacuden un poco.

          -No sé que me pasó, ni como llegué hasta allí oficial, estoy confundido. ¿Usted sabe quién soy?

          -No lo sé, dígame usted quién es.

        -Soy el pastor de la Iglesia de los Ciervos de Dios, debo comprender que me está pasando.



26 de Septiembre.

       -Pido perdón mis queridos hermanos, por esa situación desagradable de público conocimiento. Quiero aclarar que no sé realmente como llegué a esa situación tan vergonzosa, la verdad, es todo un misterio.

          Mientras explico a la gente, se me nubla la vista, transpiro, me desmayo, cuando iba cayendo, en esos pocos segundos de consciencia, vi como los concurrentes, cambiaban sus rostros, sus bocas se agrandaron exageradamente y su ojos se tornaron solo huecos vacíos, rodeados por un halo oscuro cada uno de ellos.
         Desperté en el hospital, se escucha el sonido agudo del monitor cardíaco, solo ese sonido. A mi costado, sobre la mesita, hay un ramo de rosas marchitas. Las cortinas están cerradas, sigo oyendo los latidos de mi corazón en el aparato, después de eso hay mucho silencio, hasta pareciera oír la gota del suero al caer dentro del pequeño recipiente gotero.

          Estoy somnoliento, no logro coordinar los movimientos, no entiendo como es que no hay nadie aquí, tampoco se escucha nadie en los pasillos, todo es muy extraño. Luego, entre tanto silencio, oigo pies arrastrarse, raspan el piso, tengo miedo, veo sombras, siluetas moverse por la habitación, estiro mis brazos en defensa, cada vez se agudiza más el temor, siento por mi cuerpo brazos que me jalan, estoy inmovilizado, el ritmo cardíaco aumenta, lo sé por el monitor cardíaco, pego un grito, mientras cierro los ojos, parece que hay calma…pero no, estoy en la habitación, hay una enfermera tirada en la cama, no tiene sus ojos, no tiene su mandíbula, en el piso hay otra, su cabeza está aparte, y el médico esta colgado de su estetoscopio, con una lapicera clavada en la frente y dos tijeras en sus ojos. Yo estoy bañado en sangre, me saco el suero, camino hasta el baño, me lavo la cara, me pongo frente al espejo, y no me veo, me refriego los ojos porque quizás sea el estrés el que no me deja ver, y de todas maneras no tengo reflejo, me agachó, pero observo desde abajo y veo mi rostro, como a destiempo, restregarse los ojos.
           Me repongo, ahora me veo en el espejo, la sangre no está, voy a la habitación y una enfermera me llama la atención al ver que ne saqué el suero y estoy de pie.  

           1 de Octubre.
           
          No he tenido tiempo de grabar mi diario, solo dejaré grabado lo que ya está grabado, han seguido pasando cosas desconcertantes, pero no estoy de ánimos. He escuchado nombres en el silencio de mi cuarto, he escuchado voces murmurar en la oscuridad, me llaman, quizás sean demonios o espíritus de gente muerta que se quieren comunicar...no sé, la pregunta es ¿por qué a mí? Si alguien escucha esto, es por que ya he muerto...
           Un momento...quien eres tú... Que quieres, qué quieren ¡déjenme en paz!

Continuará, cuando despierte...de mi muerte.

Ricardo.

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Buscando cosas entre cajas llenas de porquerías, en la casa que estoy alquilando, encontré un cassette, busque un viejo reproductor y lo reproduje, esto es lo que decía, lo que describí arriba.  

 

4 comentarios:

  1. Un tal Jorge Luis Montes comentó en el facebook. Desautorizo su comentario. El verdadero jorgeluis soy yo. Él no existe. Es un sueño mio que tomó vida propia. Aunque a veces dudo si yo no soy un personaje de sus sueños.

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  2. Transmitiste muy bien el horror del cura, Ricardo. Voy a estar a la espera de su resurrección.
    Saludos.

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