martes, 21 de junio de 2016

Sanatorium sempiterno





                      
                                            Sanatorium Sempiterno



 
           Llevó a su mujer hasta el sanatorio que se encuentra a las afuera de la ciudad, aparcó en el estacionamiento y ella bajó, solo se iba a realizar un chequeo de rutina, él se queda en el auto pues no le agradan estos lugares, teme pescarse alguna enfermedad. Eran las seis de la tarde, la gente pasaba por delante de su auto, algunos entraban, otros se iban, empleados, pacientes, personas dolientes. Llegó la noche, cada persona que pasaba por allí, activaba la luz del estacionamiento, y se prendía, se apagaba a cada ratos. Se hizo las diez de la noche, bajó un rato del vehiculo, la luz se encendió. Subió otra vez, no tenía señal de teléfono, por lo tanto no podía mirar su Facebook.

            Diez y treinta, ya no pasaba nadie por allí, comenzó a hacer frío. Se subió el cierre de la campera hasta la nariz, se frotó las manos para calentarse un poco. 

            La luz del estacionamiento se prende, pero no pasa nadie, se apaga, agacha un poco la cabeza para poder agudizar la vista, pero no ve nada, nuevamente, se enciende, se apaga, pero más rápido. Piensa que el censor de movimiento se podría haber dañado, no le da importancia. Luego, se apagan todas la luces y queda en total oscuridad, se prende de nuevo la del estacionamiento solo, se apaga, parpadea, y cuando parpadea, algo se ilumina a su alrededor, parecía personas con ropas de enfermo, con las batas blancas, pero ensangrentadas, había una docena de ellos, sus caras eran pálidas, no hacían nada, solamente se quedaron parados allí, observándolo. Traba las puertas, la luz parpadea de nuevo, al encender titilante, esas personas están sobre el auto, lo mueven, esta asustado, quieren arrancar, pero el auto no responde, grita, le abren la puerta, logra zafar, corre hasta el interior del sanatorio, allí dentro esta oscuro, pero de repente algunas luces se encienden, pero parecen estar en cortocircuito, y en esos lapsus lumínicos, ve en la sala de espera, personas aguardando su turno, ve a su mujer, pero todos están paralizados, pálidos, con ojos saltones, mandíbulas abiertas, gira y en la mesa de entrada, en informes, una señorita de nariz respingada, lo mira, parece congelada, pero esta le habla “cual es su dolencia señor” parecía normal, pero cuando se acerca para pedir auxilio, carecía de sus partes inferiores, sus tripas colgaban. Sale corriendo, pasa por al lado de la sala de cirugía, ve médicos que operaran a una persona, él los ve de atrás, cuando ingresa, estos se giran y uno de ellos le dice que no puede entrar, que están operando, y al observar al paciente, lo estaban cortando con un serrucho para cortar madera, lo estaban despedazando, trozos de carne colgaban por la camilla, y al médico se le cae parte de su cara, una enfermera que asistía al doctor, intenta hacer el gesto de silencio, pero no tiene el dedo índice, y de su muñón brota sangre a chorros, hasta empaparle la cara.
             Corre desesperadamente por el pasillo, luego de ver todo ese macabro espectáculo, pero por los diferentes pasillos hay cuerpos diseminados, aun moviéndose. Por los parlantes se oyen sonidos guturales, ruidos, bullicio, lamentaciones.
              Ya no sabe a donde ir, quiera salir de ese maldito lugar, pero siempre regresaba al mismo lugar.
              Entra a un lugar frío, el piso esta resbaloso, no se ve nada, esta muy oscuro, activa la luz del celular, pero titila, piensa que quizás se le estaba terminando la batería, se enciende, sin querer la cámara se activa, e ilumina el lugar con el flash, el ve a través de la pantalla, ve como los muertos de la morgue se levantan y avanzan hasta él. Se persigna, pero de nada sirve, lo atropellan, hay hedor a podrido, sale nuevamente al pasillo, hay personal de limpieza juntando cadáveres, son mujeres sensuales, pero con el detalle de que no tienen cabeza, no soporta más, abre una puerta que tenía un cartel que decía “solo personal autorizado” entró, había una enfermera y un médico teniendo relaciones sexuales de una manera extremadamente violenta, él la estaba penetrando y la corta al medio con el pene, sus órganos saltan para todos lados y él eyacula como una manguera a presión, y explota.
            Hay silencio, se asoma por la ventana previamente de esquivar los cuerpos de los amantes, ve la luz del estacionamiento que se prende mientras su mujer pasa por delante de su auto y se sube, ve que esta él, no entiende, ese otro “yo” se gira, lo mira, sus ojos se ponen rojos, se ríe, se van, el queda atrapado para siempre en el Sanatorium, allí donde la salud es lo primero, la salud de las almas, la salud de los muertos y de los otros vivos, de los que se van a la terrenidad de la vida y regresan a veces.  
            





Ricardo.






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La imagen fue extraída de internet



Me convenzo de este silencio atroz

Me atrapan estas paredes

Nada es lo que parece

Nada es lo que es

La oscuridad es lo que es, aun con una pequeña luz

La oscuridad es lo profundo

Es lo que hay del otro lado

Es lo que me atrapa cuando deseo salir

Ya no soy el mismo

Ya quiero irme

Solo espero ese otro que venga

y me deje como antes..

afuera.


5 comentarios:

  1. Qué buen relato, Ricardo. Cada imagen macabra fue una foto en la retina del mejor álbum gore. Es una historia muy redonda y con un gran final. Y suma bastante el aporte del poema.
    Saludos.

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  2. Tú si sabes como crear ambiente eh...
    un ambiente de mier...
    como para venir a leerte a la media noche =)

    Genio!
    un gustazo volver a leer tus escritos,
    como siempre lo he dicho... un capo!


    un abrazo grande

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