miércoles, 14 de diciembre de 2016

Memoria

Memoria.
Autor: Ricardo Gonzalez.

Previo a (DESMEMORIA) de Jorge Luis Montes

Juan se despertó recordando todo sobre su vida, cada momento; hora, minuto, segundo de su existencia. Sus pensamientos fueron bombardeados con recuerdos de siempre, hasta se acuerda del momento de su nacimiento, no, no solo el nacimiento, también su gestación dentro del útero de su madre; desde que era solo un embrión. Parecía que su cabeza iba a estallar.
Agarró su celular e intentó llamar a su ex mujer, pero le temblaban las manos, no podía marcar, no podía coordinar los movimientos. De todas maneras ella lo iba a mandar al carajo, se habían separado en malos términos, el no visitaba a sus hijos porque ellos lo odian por ser un borracho empedernido y además, su madre se encargó de llenarles la cabeza, a ellos tampoco los podía llamar porque es seguro
que no lo iban a atender.
Encendió la computadora, abrió internet para buscar un numero telefónico de alguna clinica para sacar turno para ese día, pero no pudo conectarse. Como pudo, caminó hacia la puerta, tambaleante, agarró las llaves del auto, abrió la puerta, cuando la abrió, las calles eran un caos, la gente caminaba como enloquecidas, muchos vomitaron, otros quedaron tendidos en la calle, autos prendidos fuego, descontrol, pasa un policía por la vereda y Juan le pregunta al uniformado qué sucede, este le contesta que un misil ruso hizo impacto en la estratosfera y un virus se esparció por todo el planeta, que ese virus, removió los recuerdos de las personas de la mente y ahora nadie podía parar esas voces del pasado, que la memoria de todos era un enjambre de cosas sucedidas que no paraban de reproducirse en la mente.
Se escuchó un zumbido estrepitoso, la luz del día parpadeó como un flash, la gente se quedó inmóvil, no hubo sonidos, un ave quedó suspendida en el aire, segundos después el ave cae al suelo, la gente se desmorona...
Juan se pone de pie, era el único que estaba consciente, ya no recordaba todo, se sentía bien, a unos metros, una anciana comienza a despertar, el la ayuda a levantarse, luego otra persona, y otra.
A la noche, después de que el mundo comenzó a volver a la normalidad, llamó a su mujer, no pudo comunicarse, decidió ir hasta la casa de ella.
Cuando lo ve, le abre la puerta rápidamente, se abrazan, comentan entre ellos lo que pasó en el trancurso del día, tenía encendida la televisión y los noticieros daban información precisa, decían del virus que fue desparramado por un misil, que ahora reinaba la calma, que no se sabía si pudiera haber secuelas en las personas...
De repente se apagan las luces, la tv queda en negro previo extinguirse el último punto de la pantalla.
Despierta, no entiende por qué esta tirado en el piso, se mira en el espejo, ve a un joven desconocido, es él, gira su cabeza y ve tendida en la cama una chica muerta, no recuerda nada...

¿Será un virus o un error de la matrix?

Es la precuela del cuento de jorge que lo dejo acá abajo para que lo lean, es imperdible.

DESMEMORIA
Autor; Jorge Luis Montes

Es muy temprano y algo lo despierta. Ruidos en la calle lo sobresaltan. Allí fuera, unos cuantos parecen estar emborrachándose. Es de madrugada, las cuatro en su reloj y como ocurre algunas noches, las calles se llenan de extraños que buscan mitigar sus soledades.
Se dicen amigos y lo son, por la complicidad a la hora de compartir borracheras y viajes ilusorios a ninguna parte, de los que vuelven para enfrentarse a la fría y dura realidad que los llevó a escaparse un rato apenas, de sus rutinarias vidas.
Desde la rendija de la persiana no puede verlos. Solo hay una tenue luz que da a un pasillo. Apoya la oreja sobre la puerta. Escucha la llegada de un patrullero, llamado seguramente por los vecinos, molestos por los gritos, risas y discusiones en medio del silencio de sus descansos. No sabe si los dispersan de malas maneras  o que. Imagina que en un rato terminará todo. Luego de unos minutos de incertidumbre, corridas e insultos, retorna la calma; apenas alterada por algún auto que pasa haciendo ruido sobre el asfalto o el ladrido de algún perro.
De pronto camina de pared a pared. No reconoce el cuarto en el que está. Hay una mujer desnuda en la cama, durmiendo muy profundo. No recuerda casi nada. Ni como llegó, ni cuando. Intenta despertarla para preguntarle quien es y dónde están. Pero no lo consigue porque descubre que está muerta.
-¿Qué hacer ante una situación así?- se pregunta en voz baja.
- Pedir ayuda- se responde. Trata de conservar la calma, busca su celular y no lo encuentra. Revisa las cosas de ella y apenas encuentra un bolso de mano, con unas pocas monedas y otros objetos sin importancia.
Nada de documentos ni celular de ella en ningún lado del cuarto. La habitación es también living, un mono ambiente chico, con una mesa y cuatro sillas en el centro, una heladera con freezer, un televisor LCD y un antiguo ropero de dos puertas. Busca el control del televisor, pero se dice que no es un buen momento para mirar la programación.
Se viste rápido, saliendo a un largo pasillo mal iluminado. A medida que camina, descubre que es una casa PH reciclada, casi seguro con monoambientes como en el que estaba, distribuidos a lo largo del corredor. O eso imagina al menos. Duda en pedir ayuda tocando el timbre de alguno de ellos y más a estas horas. Y de hacerlo. ¿Que les diría?
Hay una chica muerta en la cama, de un departamento que no es el suyo, no sabe quien es la chica y no recuerda como se llama, como llegó aquí, ni lo que pasó.
Al final del pasillo, en medio de las penumbras, ve  lo que parece la puerta de salida. Ahora si que estoy en problemas, musita muy bajito, debe estar cerrada con llave.  Pero no, el picaporte se  mueve y puede salir a la vereda. Los nombres de las calles le son desconocidos. No hay locales abiertos. Ve una remisería. Golpea, intenta preguntar donde está, pedir auxilio. Nadie le contesta. Luego de un rato, se cansa y vuelve a caminar con rumbo indefinido.
Hasta que ve un cartel con el símbolo de un hospital a cien metros. Acelera el paso. No hay nadie en la entrada, apenas un par de ambulancias cerradas. Se dirige a la guardia y el corazón le vuelve al cuerpo. Hay una enfermera en la recepción.
Casi se arroja sobre el mostrador. Al borde de la desesperación le dice: -  Ayúdeme. No se lo que me pasó. Es largo de explicar, pero no recuerdo mi nombre. Es como si tuviese amnesia. Estoy confundido. A cada rato más y más. No tengo documentos, ni celular, ni dinero.  Ayúdeme por favor.
La enfermera lo mira sin inmutarse y le dice: – Tranquilízate. Estamos todos en la misma. También olvidé mi nombre. Estoy trabajando, pero ni yo, ni ninguno de mis compañeros recordamos lo que tenemos que hacer. Los pacientes que pudieron irse lo hicieron. Estamos todos desconcertados. Lo único seguro es que en todos los medios de comunicación, informaron  que puede haber una guerra bacteriológica, pero no tienen pruebas.  Parece que hay muchos virus desconocidas en el aire. Dicen que algunos pueden matar y otros producen amnesia.
Él quiere preguntarle algo, pero no dice nada.
La enfermera, con la mirada perdida, enmudece de pronto.
En el silencio de la noche haciéndose día, se escucha el tímido canto de los pájaros; mientras las palabras y recuerdos de los dos, luchan, para no desaparecer de la memoria.

2 comentarios:

  1. Leídos los dos cuentos, el tuyo es más Inquietante. Es una precuela muy bien desarrollada y ambos relatos parecen escritos por un solo autor.
    Saludos.

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  2. Gracias Raúl, es un amigo que escribe medio parecido, el lo escribió primero y se me ocurrió memoria, la antítesis de desmemoria. Abrazoo

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